El Tercer Día, una serie con potencial pero con decisiones creativas absurdas

En septiembre se estrenó en HBO la miniserie británica El Tercer Día, protagonizada por Jude Law, Naomie Harris, Katherine Waterston y Emily Watson. Formada por tan solo seis episodios, la emisión se prolongó hasta mediados de octubre por la política de HBO de estrenar un capítulo por semana.

Jude Law es Sam, un hombre que, por extrañas circunstancias, acaba llegando a una misteriosa isla en la costa británica. Una vez allí no lo tiene tan fácil para salir, ya que la subida de la marea corta la vía de salida. Con esta premisa se desarrollan una serie de extravagantes situaciones en un ambiente entre onírico y paranoico.

Es inevitable que El Tercer Día recuerde a otras obras, como el clásico El Hombre de Mimbre (1973) o, más recientemente, a Midsommar (2019), ya que tiene muchos elementos en común con ellas. Véase la llegada de un extranjero a un lugar extraño con una sociedad cerrada que posee sus propias normas y ritos en las que se ve envuelto de una u otra manera el protagonista. Pero aunque es similar en algunos aspectos, lo cierto es que la serie pronto va por otros derroteros.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la producción de la serie y las decisiones creativas tomadas por sus creadores. Y no necesariamente para bien.

La primera cuestión es que El Tercer Día está dividida en dos partes bien diferenciadas de tres capítulos cada una. La lógica del título de la serie es que cada capítulo se corresponde con un día. La primera parte se subtitula ‘Verano‘ y la segunda ‘Invierno‘. Y aunque en todo momento estamos viendo la misma serie que continúa la misma trama, lo cierto es que la elipsis entre una parte y la siguiente resulta desconcertante. Sin duda es el efecto que persiguen los autores, pero es inevitable que el espectador se quede con la sensación de haberse perdido algo.

Pero lo peor de El Tercer Día es la falta de coherencia interna en los aspectos formales de cómo está narrada la historia, incluso visualmente. Cada parte está dirigida por una persona distinta y rodada por un equipo distinto. Con lo cual las diferencias estéticas entre el capítulo tres y el capítulo cuatro son tan enormes que hacen que nada tenga sentido.

La primera parte, ‘Verano‘, está dirigida por Marc Munden con Benjamin Kracun como director de fotografía. Esta parte es visualmente muy recargada, con una saturación del color disparatada, un abuso de los primerísimos primeros planos de Jude Law y una profundidad de campo mínima hasta lo ridículo. Más allá de resultar impactante o agobiante, la fotografía tan artificial no aporta nada a la trama. De hecho solo consigue distraer. Por cierto, todo mi reconocimiento a Paul Dain y a Laura Dinnett, primer asistente de cámara y foquista respectivamente, cuyo trabajo en esta primera parte tuvo que ser extenuante.

En ‘Verano‘ asistimos a la llegada de Sam a la isla y vamos conociendo a sus habitantes y sus extrañas costumbres. El primer capítulo todavía promete algo, pero pronto asistimos a un relato que intuimos que no va a ir a ninguna parte.

La segunda parte, ‘Invierno‘, está dirigida por Philippa Lowthorpe con David Chizallet a cargo de la fotografía. El cambio es radical. Del capítulo tres al capítulo cuatro pasamos de una fotografía sobrecargadísima a una mucho más convencional más acorde con la de una serie de televisión del montón. ¿Qué sentido cinematográfico tiene eso? Según IMDB, entre productores, productores ejecutivos, productores coordinadores y demás, suman catorce personas. ¿Es que a ninguna de ellas se le ocurrió dotar al conjunto de la serie de un mínimo de coherencia visual? Un desastre absoluto.

En esta segunda parte la historia avanza por otros derroteros, pero para finalmente acabar confluyendo con la primera. Lo cierto es que llegados a este punto el interés por la historia que mantiene el espectador es muy escaso, más allá de intentar comprender qué está pasando tras una elipsis tan pronunciada. Aunque una vez que todo vuelve a encajar nos encontramos con un quiero y no puedo, con un quiero ser macabro y retorcido tan pasado de vueltas que al final hasta los hechos más dramáticos no nos acaban importando nada en absoluto.

Las interpretaciones son buenas, ya que cuentan con un excelente conjunto de actores y actrices protagonistas. Jude Law y Katherine Waterston ya habían coincidido antes en la saga de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos. Waterston está estupenda, como siempre, pero Law está muy desperdiciado ya que la dirección de fotografía no le hace ningún favor. También es destacable la actuación de Naomie Harris y, por supuesto, la presencia de la grandísima Emily Watson.

El Tercer Día es una miniserie con potencial, con una temática que, aunque recuerda a otras, puede resultar muy atractiva para el público. Además, cuenta con un elenco estupendo. Por desgracia, está arruinada por unas decisiones creativas sin sentido que echan por tierra toda su posible coherencia cinematográfica.

El Tercer Día
4.4 Puntuación total
Pros
- El elenco
Contras
- La dirección y la fotografía son un disparate, excesivo y sin coherencia
Dirección
Guion
Arte
Actuaciones

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