El Benidorm Fest muere de éxito: buena música, tongo y feministas confusos

No tenía intención de escribir sobre el Benidorm Fest, pero no puedo evitar hacerlo tras la rueda de prensa de ayer por parte de María Eizaguirre, directora de Comunicación y Participación de RTVE. En esta comparecencia se develó que Tanxugueiras obtuvo más del 70% del voto popular, mientras que la ganadora Chanel no llegó al 4% de apoyo del público.

Visto esto y el revuelo que ha alcanzado el tema, incluidas reclamaciones por partes de grupos políticos y sindicatos, voy a repasar los muchos aspectos relacionados con este festival que creo que son dignos de mención y cierto análisis.

Por supuesto, sobre el resultado final del Benidorm Fest planea la sombra de la duda de si hubo o no hubo tongo. No vamos a darle más vueltas a esto: lo hubo. RTVE amañó el resultado. Esto está fuera de toda duda, y que la representante de RTVE salga en rueda de prensa negándolo es, por supuesto, lo más lógico. Pero no deja de ser un insulto a la inteligencia de las y los espectadores.

Una apuesta para revitalizar Eurovisión en España

Más allá de la polémica de los últimos días, hace semanas que quedó claro que la iniciativa del Benidorm Fest había sido un completo acierto. Tras años de propuestas insulsas que no gustaban ni emocionaban a nadie, por fin este festival permitía el concurso de un grupo variado de propuestas muy interesantes en general. Como siempre esto va en gustos, pero es un hecho objetivo que la calidad general estaba muy por encima de todo lo presentado por España en las últimas décadas.

Buena parte de la culpa de esto la tiene el cambio en las condiciones económicas por parte de la organización. Hasta ahora RTVE se quedaba con el 50% de los derechos de autor de las canciones. Sin embargo, a partir del Benidorm Fest estos van íntegramente a quien o quienes componen el tema musical. Este cambio ha influido sin duda en el aumento en la participación de artistas de cierta calidad, que de otra manera habrían sido reacios a ceder la mitad de sus derechos de autor.

Seamos sinceros: nos gusta la música, nos gustan los concursos y nos gustan los rankings. Es la telefórmula perfecta gracias a la cual Eurovisión sigue siendo un acontecimiento anual para muchas personas a pesar del tiempo y sus altibajos. RTVE ha dado en el clavo con el Benidorm Fest y ha conseguido algo que me encanta: poner música en el prime time de la televisión y hacer que medio país lleve días hablando de música -incluso antes de la polémica-. Algo que no pasaba en este país desde no sé cuándo.

La sombra de Chikilicuatre es alargada

Cuando organizas un concurso como el Benidorm Fest lo primero que se te pasa por la cabeza, en especial si eres un directivo de RTVE, es que hay que evitar a toda costa que vuelva a ocurrir lo de 2008. Como recordaréis, ese año se convocó un concurso donde decidía el público. El programa de Buenafuente presento a un cómico en plan broma, pero a la gente le hizo gracia el trolleo y lo votaron en masa.

Hay que reconocerle a RTVE que fueron honestos. Si la gente vota Chikilicuatre, pues Chikilicuatre a Eurovisión, aunque fuera una parodia que ridiculizaba el propio festival. Eso les honra, y es más de lo que se puede decir de la organización este año.

Sea como sea, es algo que no se puede volver a repetir. Aunque a mí, como a casi todo el mundo, me pareció simpática la broma hacia un festival en horas bajas; lo cierto es que no se puede permitir que una parodia pueda ser la ganadora del concurso, aunque solo sea por respeto a las y los artistas que se presentan en serio.

Los ases en la manga

Así que la estrategia de RTVE es clara: un festival abierto y participativo que conecte con los eurofans y los implique para hacerlos sentir parte del proceso, pero con unos cuantos ases en la manga que eviten que se les vaya de las manos.

El primero es el sistema de votación. Un cincuenta por ciento lo decide el jurado «profesional», un veinticinco por ciento una muestra demoscópica de gente y otro veinticinco por ciento el público general. Además, los votos del público no son proporcionales, sino que se reparten en franjas de puntos. Todo esto da como resultado que en realidad, más allá de la imagen de participación que quería trasmitir RTVE, la última palabra la tiene el jurado. Claro, cuando el público se dio cuenta de eso se enfadó. Normal.

El segundo es el concurso a dos rondas dividido entre semifinales y final. ¿Nadie se preguntó qué sentido tenía que dos días después el mismo jurado votara a los mismos artistas? Porque yo sí lo hice. Si un jurado le había dado 10 puntos a un artista el jueves, ¿qué razón había para que hubiera algún cambio significativo el sábado? La razón es obvia: tener un chivato de qué iba a pasar con los votos del público y así poder ajustar el sábado las puntuaciones a conveniencia.

El tercero es la ausencia de notario. A ver, que toda la vida hemos visto en la televisión eso de «concurso ante notario» donde aparecía un señor con gafas, bigote y un maletín para mostrar los resultados que se guardaban en un sobre que solo él conocía. Si ayer María Eizaguirre tuvo que salir a dar explicaciones y a pedirnos que nos creamos su palabra es porque todo se hizo sin ninguna garantía ante notario, lo que habría ahorrado a RTVE muchos problemas.

La ausencia de un notario es importante, porque aunque en el espectáculo se publicaron las votaciones en un determinado orden: jurado «profesional», público demoscópico y público general respectivamente; lo cierto es que la organización dispone de todos los datos a la vez, aunque luego los muestre escalonados. Por lo tanto, es posible modificar las puntuaciones del jurado antes de su publicación en función de cómo van las votaciones telefónicas. Un notario que hubiera garantizado que el jurado no tenía conocimiento alguno del resto de votaciones habría aclarado mucho la situación.

El cuarto as en la manga es tener preparado un tema musical para llevar a Eurovisión si todo falla. Porque claro, si el festival es un desastre y las canciones presentadas por las y los artistas son infumables, ¿qué presentamos? Hay que tener algo preparado. Para eso se contrata a una empresa para que componga una canción en lo que en España entendemos al «estilo Eurovisión»; se contrata a una chica que da igual que no sea cantante y no haya sacado un disco en su vida, pero que cante y baile bien; se contrata a un coreógrafo de prestigio, a un grupo de bailarines y se pone a todo el mundo a grabar y ensayar durante meses. Y así tenemos listo un tema con todos los elementos eurovisivos necesarios.

La cascada de errores

El primer error que comete RTVE no es un error, de hecho es un acierto, pero es lo que está detrás de toda la polémica. No es otro que el propio concepto del Benidorm Fest. Se trata de un festival al cual se pueden presentar todo tipo de artistas, desde comerciales y modernos hasta alternativos y con toques retro. Además, el público puede participar eligiendo al ganador o ganadora. Maravilloso como idea. El problema surge cuando este idealismo choca con la realidad de la organización del festival que, en el fondo, no ha cambiado tanto y lo tenía ya todo atado y bien atado.

El segundo error es la preselección. Las y los artistas que llegaron a las semifinales fueron fruto de una preselección. Desconozco cómo fue este proceso, pero me imagino a algún funcionario con exceso de celo y bien intencionado pensando en lo bien que quedaría tal o cual artista independiente, estas chicas que cantan en gallego, un cantautor, un rapero… El problema es que la preselección fue tan buena en general, con canciones muy interesantes capaces de emocionar y atraer a una gran cantidad de público, que a ver cómo colaban ahora a Chanel como ganadora. Si todos los semifinalistas elegidos hubieran sido de un estilo musical como el de Xeinn, nadie habría protestado por que la ganadora fuera Chanel.

El tercer error es no dar por perdido el dinero invertido en Chanel. Porque contratar a todas los compositores, arreglistas, coreógrafos, bailarines y a la propia cantante, y tenerlos grabando y ensayando durante meses le ha costado mucho dinero. Me parece bien tener una canción en la manga por si todo falla, pero una vez vista la calidad general de las propuestas presentadas quedó claro que la dignidad de la representación española estaba garantizada. Así que empeñarse en que gane Chanel sí o sí para rentabilizar lo invertido en contra del criterio general del público solo podía acabar haciendo que todo saltase por lo aires.

Y ojo, porque cuando hablamos de dinero ya empezamos a meternos en terrenos oscuros y pantanosos. Hay que recordar lo que comentaba al principio de que este año por primera vez los derechos de las canciones van en su totalidad a quienes las componen. Y en lo que a Eurovisión se refiere, es por medio de los derechos de autor por donde se generan verdaderamente los ingresos. Así que preguntarse qué intereses hay para empeñarse tanto en que los compositores de SloMo se lo lleven crudo no es una cuestión baladí.

Y el último error, o más bien una consecuencia desafortunada para la organización, es el arrollador éxito que ha tenido el Benidorm Fest (fruto de la buena preselección de canciones). Si hubiera pasado sin pena ni gloria, como otros shows en años anteriores, también habría habido algún que otro «eurodrama» -al parecer todos los años los hay-. Pero nada se puede comparar al éxito de público y de calado social -con partidos políticos, sindicatos y tertulias televisivas hablando de esto- que ha tenido el Benidorm Fest. Con esta transcendencia el tongo promovido por la organización no podía pasar desapercibido.

Cuestión de gustos (hasta cierto punto)

Como en todo en el arte, y en especial en la música, la cosa va en gustos. Tanto el jurado como el público es libre de preferir la canción que quiera. Pero además, la cosa se complica cuando entran a valorarse otros aspectos no estrictamente musicales. Al fin y al cabo se trata de elegir la mejor canción para presentar a un concurso, y eso implica tener en cuenta más factores.

Por ejemplo, se puede valorar muy positivamente una letra con mensaje. Pero también negativamente porque es muy probable que en Eurovisión nadie la entienda, y si ese es el punto fuerte del tema va a quedar cojo cuando se presente en Turín. Por otro lado, se puede decir que el tema Terra de Tanxugueiras no es muy accesible para el gran público porque está cantado en gallego. Como si alguien de Lituania distinguiese el español del gallego.

O se puede votar a favor de Chanel porque su tema es bailable, actual, con partes de la letra en inglés y bien interpretado. Pero también votar en contra de SloMo por ser un tema prefabricado, cuando en Eurovisión en los últimos años han estado triunfando cosas distintas como el rock de los italianos Måneskin el año pasado, o la balada del portugués Salvador Sobral en 2017.

Con todo esto quiero decir que es perfectamente lógico y razonable que haya diferencias entre los miembros del jurado, el jurado demoscópico y el público en general, ya que hay muchos aspectos a considerar. Hasta cierto punto, claro.

La evidencia del tongo

De las canciones presentadas pronto quedó claro cuáles eran las favoritas, cada una en su estilo y por motivos propios. Por supuesto me refiero a Terra de Tanxugueiras, Ay, Mamá de Rigoberta Bandini, La Calle de la Llorería de Rayden y SloMo de Chanel.

Todas tienen su público, incluida Chanel, que las radios y plataformas están llenas de canciones prefabricadas y gentes a las que les encantan. En mi caso mi preferida es sin duda la de Rigoberta, a la que sigo desde hace tiempo y me gustan mucho sus canciones.

Sin embargo, cuando escuché por primera vez el tema Terra de Tanxungueiras no me cupo la menos duda de que ese era el tema ganador para Eurovisión. Fue mi impresión inmediata a pesar de mi preferencia por Rigoberta. Y, al parecer, no solo la mía, ya que más del 70% del público votó por Tanxungueiras de forma abrumadora y a mucha diferencia de la siguiente, que era Rigoberta con un 18%.

El problema ha venido, no porque haya alguna diferencia entre los votos de los distintos jurados; sino en que la diferencia abismal entre el jurado llamado «profesional» y el público general es difícilmente justificable.

La rueda de prensa de María Eizaguirre donde se desglosa de forma anónima el voto de cada miembro del jurado es muy esclarecedora. Hubo quien voto a Tanxugueiras con 2 y 4 puntos -lo mínimo- mientras le daban a Chanel la máxima puntuación de 12. Lo que resulta incomprensible cuando hay un consenso general de crítica y público en que la canción Terra es, como mínimo, una de las tres favoritas.

Obviamente quien hace eso no es un «jurado profesional», sino un mercenario al servicio de unos intereses que querían sacar a Chanel a toda costa, para lo cual había que darle la puntuación mínima a sus principales competidoras para hundirlas y evitar que tuviesen la más mínima posibilidad.

Cualquier matemático podrá confirmar que con el sistema de voto adoptado, donde los votos del jurado se sumaban todos tal cual -ni siquiera se dividían entre 5 para sacar la media-, y el del público se repartía en franjas con 5 puntos de diferencia entre ellas; si el jurado decidía hundir una propuesta, esta ya no tendría ninguna posibilidad votase lo que votase el público.

En lo concreto Tanxugueiras le sacaron a Chanel una ventaja del 65% en el voto popular, pero eso solo se tradujo en una diferencia de 10 puntos por completo insuficiente para remontar la desventaja creada por el jurado «profesional».

Una estafa, literalmente

Esto se trata de una estafa en toda regla. Porque aunque las normas del concurso estaban claras para todo el mundo -y supongo que se han cumplido-, eso no significa que no sean tramposas. Además, se le dijo a la audiencia que su opinión contaba, y mucha gente se gastó el dinero en llamadas y SMS para participar.

Porque si no es una estafa que el público vote por una opción con el 70% y a otra con el 4% y eso no sirva para nada y acabe ganando la del 4%, ¿qué lo es? Pensadlo. Si el resultado del televoto hubiera sido 95% Tanxungueiras y 1% Chanel el resultado habría sido el mismo. Las llamadas y SMS del público nunca contaron nada -salvo que votaran por la opción correcta según el jurado «profesional»-. Y eso se llama estafa.

Es normal, por lo tanto que la gente esté enfadada y que se hable tanto del tema estos días. Porque el hecho es gravísimo y va mucho más allá de las cuestiones puramente musicales.

RTVE en cuestión por ser un servicio público

Y es que hablamos de que RTVE, la televisión pública que pagamos entre todas y todos, ha amañado un concurso y ha estafado a la gente sacándoles el dinero por unas llamadas y SMS que en ningún momento contaron para nada. Si fuera el caso de una televisión privada sería igual de injustificable, pero más comprensible por su legítimo ánimo de lucro. Pero RTVE es un servicio público que, en un caso como este, debería reflejar el sentir popular y no no se sabe qué otros intereses.

Además, ¿qué sentido tiene hacer lo que han hecho? Se veía venir desde antes, porque la calidad de Terra estaba fuera de toda duda; pero desde la primera semifinal el vídeo de la actuación de Tanxungueiras se convirtió de lejos en el más visto con diferencia. RTVE no tiene nada que ganar o perder enviando a un artista o a otro a Eurovisión -salvo por el peligro de que acabe ganando el festival y se vea obligada a tener que organizar el del año siguiente-.

Así que, ¿por qué empeñarse contra natura en retorcer las votaciones del jurado «profesional» para forzar la elección de Chanel cuando estaba claro que el mejor tema y el favorito de todo el mundo era el de Tanxungueiras?

No tiene más explicación que que desde RTVE el Benidorm Fest siempre se vio como un trámite y la hoja de ruta ya estaba cerrada de antemano. No se esperaban el éxito de público, no supieron reaccionar para adaptarse a lo que pedía al gente y mantuvieron el plan hasta el final aunque ello supusiera matar el propio festival que acababa de nacer con tan buenas expectativas.

Chanel, objeto de todas las críticas

La víctima colateral de todo esto es la propia Chanel, que a pesar de haber ganado, ha sido acribillada con todo tipo de críticas a ella y a su canción. Y esto es solo el preámbulo de lo que le espera si no queda en la parte alta de la tabla en el festival de Eurovisión. Personalmente creo que lo mejor que les ha podido pasar a Tanxugueiras y a Rigoberta Baldini es haber conseguido toda la promoción del Benidorm Fest sin tener que comerse el marrón de ir a Turín con todo lo que ello supone.

En cualquier caso, las críticas a Chanel son injustificables por muchas razones. En primer lugar porque ella no tiene culpa de nada. Ha sido la organización y el jurado quienes han amañado el resultado. Ella, como intérprete contratada, se ha limitado a hacer su trabajo.

Y lo ha hecho muy bien. Porque a pesar de las críticas por parte de algunos a la letra de SloMo -que no comparto-, resulta ser un tema muy difícil de cantar. Máxime si además estás interpretando a la vez una elaborada coreografía. Chanel ha hecho todo eso de forma sobresaliente, así que las críticas hacia ella me parecen muy injustas.

Críticas que duele más ver venir desde el ámbito de cierta izquierda y de gente que incluso se define como feministas. No es posible, o por lo menos no es coherente, alabar la canción de Rigoberta Bandini y su reivindicación feminista del cuerpo de la mujer y del derecho de ellas a hacer con él lo que les dé la gana; y a la vez criticar a Chanel por bailar una coreografía sexy diciendo que qué mal, que está hipersexualizada. No nos dan miedo las tetas de Rigoberta, pero sí las caderas de Chanel. Vaya.

Conclusión

El Benidorm Fest ha resultado ser una iniciativa muy interesante y prometedora. El cambio en la gestión en los derechos de autor de las canciones ha animado a muchas y muchos artistas a participar y ha conseguido llevar la música al prime time de la televisión. Te gusten más o menos las canciones esto es sin duda algo muy positivo para un país en el que la música en televisión solo se puede ver a partir de las 4 de la madrugada.

La gestión del éxito del programa por parte de la organización de RTVE ha sido nefasta y tramposa. Tanto es así que bien podrían haber herido de muerte al propio Benidorm Fest recién nacido.

En cualquier caso, el seguimiento desde España del próximo festival de Eurovisión en Turín será mucho menor con Chanel que habiendo llevado de candidata a la canción que prefería el público. Si RTVE mide el éxito no por la audiencia, sino porque ciertas personas y no otras sean las que generen los ingresos por derechos de autor es algo que debería hacerse mirar el ente público.

Artistas como Tanxugueriras, Rigoberta Baldini o Rayden ya han ganado con toda la promoción masiva que han conseguido, y eso es bueno para la música en general.

La mala noticia son las injustas críticas, en muchos casos además machistas, a Chanel, incluso por algunos de quienes ensalzan la canción de Rigoberta que va justo de hacer lo contrario.

La buena noticia es que, con polémica o no, este país lleva varias semanas hablando de música. Y eso es maravilloso.

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