Ghost in the Shell, una película sin alma

Ghost in the Shell, como sabéis, se trata del remake de la mítica película de manga japonés del mismo nombre que se estrenó en 1995. Yo no soy muy fan de este tipo de cine de animación, pero qué duda cabe que en su día aquella supuso un hito cuya influencia se notó en muchos films posteriores, como por ejemplo Matrix (1999).

Ahora, más de veinte años después, llega el remake norteamericano, y podría decirse que llega tarde. Lo que hace dos décadas era innovador, ahora lo tenemos muy visto. Por más cuidada que esté la producción y el diseño visual -que lo está, y mucho-, lo cierto es que no impresiona y parece casi rutinario.

La nueva versión de Ghost in the Shell se suma a la moda de transformas películas de animación en cine tradicional, como la reciente La Bella y la Bestia (2017). Algo que es un tanto absurdo, porque a fin de cuentas estos films de nueva generación también son en su mayor parte animación, es decir, escenas sobre croma que luego se rellenan por ordenador.

A todo esto hay que sumarle la previsible simplificación de la trama -la original era muy barroca- made in Hollywood para que el producto final sea más asequible al público de hoy día. El resultado es que el visionado de Ghost in the Shell te deja un tanto frío. La sensación de que a la película le falta garra es constante.

Por lo demás se trata de un homenaje total al film japonés de 1995, en algunos momentos plano por plano. Lo que hará las delicias de los fans. O no. Porque la película dirigida por Rupert Sanders se mueve en el difícil equilibro entre ser fiel al original para no defraudar a los fans, a la vez que en hacer algo nuevo. Y esas aportaciones originales pueden defraudar a más de una o de uno.

El reclamo central de Ghost in the Shell es, por supuesto, su estrella protagonista. Una Scarlett Johansson sin pezones -no sea que Facebook o Instagram censuren alguna imagen- que no transmite mucho en una actuación perfectamente olvidable.

Sin duda lo mejor en cuanto a actores es ver al gran Takeshi Kitano en escena. Ese hombre que es capaz a la vez de interpretar, dirigir estupendas películas como Brother (2000) o Zatoichi (2003), o crear el disparatado programa de televisión Fūun! Takeshi Jō que aquí conocemos como «Humor Amarillo».

Ghost in the Shell se deja ver y es incluso entretenida, pero está muy lejos de ser redonda. Si queréis pasar un rato en el cine sin pensar mucho puede ser una buena opción. Si por el contrario os interesa profundizar un poco más en las reflexiones filosóficas que se plantean, lo mejor es recurrir directamente al manga original.

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