Blackstar: El testamento de David Bowie

¿Qué es un artista? ¿Alguien que le echa mucho morro y cuento a la vida? ¿O alguien que vive para lo que hace y cree plenamente en ello? Quizá un poco de las dos cosas. Ahí hay un debate. Pero de lo que no cabe duda, y todo el mundo está de acuerdo, es de que David Bowie es un artista con todas las letras. Él era plenamente consciente de ello y por eso hizo de su vida una obra de arte hasta el final.

Hoy hace una semana que nos enteramos de la noticia de su fallecimiento, que a todos nos pilló por sorpresa. Desde entonces se han sucedido los homenajes por todo el mundo y de forma masiva. Algo que no deja de sorprenderme con, lo reconozco, cierto escepticismo. Y es que a pesar de la fama de Bowie, lo cierto es que salvando un puñado de temas famosos, su música no era precisamente de lo más accesible para el gran público.

Tengo que dudar de que realmente todos los que lo lloran conozcan de verdad su música. Una prueba de ello es que, según parece por los trending topics de Twitter, mucha gente lo conocía más por haber actuado en la película “Dentro del Laberinto” (1986) que por otra cosa. Lo que es incuestionable es la influencia fundamental de su estilo en la música contemporánea, desde por ejemplo Nirvana hasta mis idolatrados Depeche Mode.

En mi caso reconozco que no he escuchado en profundidad toda su extensa discografía, pero sí que tengo discos que me encantan, más allá de lo que oficialmente se considera lo más popular de Bowie. En especial todas su colaboraciones con Brian Eno. Desde la llamada “trilogía de Berlín” con esos tres discos maravillosos que son “Low” (1977), “Heroes” (1977) y “Lodger” (1979), hasta su reencuentro en “Outside” (1995), que ya en los años noventa me pilló en todo lo mío y que incluye joyas como “I’m Deranged“.

O su siguiente álbum “Earthling” (1997), que también escuché asíduamente en su época, con temas como “I’m Afraid Of Americans” -otra colaboración con Brian Eno- y cuya remezcla hecha por Trent Reznor -Nine Inch Nails- forma parte de mis favoritas. Por supuesto la presencia de Eno aporta el punto experimental y electrónico que tanto me gusta.

El regreso de Bowie en 2013 con “The Next Day” fue una gratísima sorpresa. Me encantó su contundencia, desenfado y un toque gamberro que nos recordaba que teníamos a un David Bowie en todo lo suyo. No miento si digo que desde que se publicó no pasa un mes sin que me lo ponga para escucharlo un par de veces al menos.

Tenía pendiente escuchar Blackstar, su último disco -entonces no sabía que literalmente sería el último-, algo que no había podido hacer porque no había encontrado tiempo entre tanta festividad navideña. Desde que conocí la noticia del fallecimiento de Bowie llevo escuchándolo compulsivamente y tengo que decir que me parece genial. Es muy de mi gusto.

Backstar es el legado musical que David Bowie nos quería dejar a la humanidad consciente de la gravedad de su enfermedad. Una colección de siete canciones -imagino que no le dio tiempo a más- con un toque oscuro muy apropiado y lleno de referencias a la muerte -ahora lo entendemos-, y de una calidad tremenda.

Comienza con “Blackstar” el tema que le da título al álbum y que ya habíamos conocido semanas antes como adelanto del mismo -y cuyo vídeo uso para ilustrar este post, porque merece mucho la pena-. Una canción de diez minutos de duración que recuerda por su estructura y algunas armonías al rock progresivo de los años setenta. Sin embargo el toque oscuro y los arreglos electrónicos la sitúan en el plano más actual. Se trata de una obra magna de despedida, llena de referencias a la muerte -como todo el disco-. Una salida por la puerta grande.

Sigue a “Blackstar” como segundo tema del disco “‘Tis a Pity She Was a Whore“. Su ritmo machacón y su uso de los vientos, que tanto le gustan a Bowie, sí que recuerdan un poco más a su anterior álbum “The Next Day”. Las complejas armonías entre las que se mueve la voz, tan de su estilo, hacen que esta canción sea una gozada.

Lazarus” es el segundo single con vídeo, publicado justo pocos días antes de su fallecimiento. Una balada más convencional, y triste, ahora que comprendemos el significado de su letra en frases como “Look up here, I’m in heaven“. Sin duda de lo mejor del disco.

La cuarta pista es “Sue (Or in a Season of Crime)“, un tema que no puedo evitar que me recuerde al estilo de Porcupine Tree en “The Incident“. Es una sensación que me asalta cada vez que suena, quizá por el uso de la guitarra. Pero también precisamente por eso reconozco que me encanta.

Le sigue “Girl Loves Me” -que también me recuerda algo a Porcupine Tree, aunque menos que la anterior-, un medio tiempo donde Bowie tira de falsetes en las estrofas y cuyo estribillo con esos coros de “Hey cheena” es sensacional.

El disco remonta al final con sus dos últimos temas. “Dollars Days” es sencillamente preciosa cuando canta versos como “If I’ll never see the English evergreens” y cuando luego rompe el ritmo de la canción con el estribillo. De lo mejor del álbum.

“Blackstar” termina con “I Can’t Give Everything Away“, puro Bowie, muy en el modo de los noventa, y que me puede recordar un poco a la ya mencionada “I’m Deranged“. Este es el auténtico testamento de David Bowie como colofón del disco y, quizá, de su vida: “I know something is very wrong” /[…] / “This is all I ever meant” / “That’s the message that I sent” /”I can’t give everything away“.

Musicalmente “Blackstar” me ha encantado. Es muy del estilo de la música que a mí me gusta. Y me parece un excelente colofón para una carrera. David Bowie hizo de su despedida una obra de arte, como de su vida. Ojalá que la notoriedad que ha adquirido estos días sirva para que mucha gente profundice en su música. Yo mismo pienso hacerlo más aún que lo que tenga pendiente. Ese es el mejor homenaje que le podemos hacer al Duque Blanco.

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