The Leftovers finaliza y se convierte en un clásico

The Leftovers finaliza y se convierte en un clásico

Este verano ha finalizado con su tercera temporada la serie de la HBO The Leftovers. Ya hice en su momento una crítica a las dos primeras temporadas de la serie, en general bastante positiva, a la espera de ver su conclusión para hacer una valoración del conjunto. Así que vamos a ello.

Os recuerdo la premisa de partida de The Leftovers: un día desaparece el 2% de la población mundial de repente, sin dejar rastro y sin razón o criterio aparente. Ya se podía intuir de qué iba la cosa nada más ver unos pocos capítulos, pero ahora tras la tercera temporada se puede confirmar que el tema de las desapariciones no es más que una excusa, un Macguffin para enganchar al espectador con un misterio, pero luego dedicarse a hablar de otras cosas como la pérdida, la fe, la angustia y el cómo seguir adelante tras un gran trauma, si es que es posible.

The Leftovers es muy loca, a pesar del tono angustioso y triste que mantiene a lo largo de sus tres temporadas. Comienza con las desapariciones en la primera, cambia de pueblo en la segunda donde empiezan a pasar cosas sobrenaturales, y en la tercera vuelve a cambiar de registro para irse más lejos aún si cabe, en este caso a Australia.

No me parece casual, ya que uno de los creadores de la serie es Damon Lindelof, que también fue corresposable de Perdidos (Lost), la cual también tenía mucho que ver con Australia. Un guiño a Perdidos que no es el único que tiene esta serie. En especial se parecen en el empeño de abrir misterios y tramas que luego no van a ninguna parte, no se cierran o lo hacen de mala manera.

Y esto es lo peor que se puede decir de The LeftoversSin embargo esta vez no importa porque está bien hecho. Que la serie esté basada en el libro de Tom Perrotta -que también es uno de los productores- dota de consistencia al relato a pesar de lo disparatado del mismo.

The Leftovers empezó como un relato con premisa a lo Stephen King y un desarrollo a lo Perdidos, y ha terminado con una tercera temporada con muchos toques a lo David Lynch de lo más interesantes y más sentido del humor que en las anteriores. Es todo como un batiburrillo muy loco pero a la vez muy atrayente.

Al final todo se trata del desarrollo de los personajes principales. Cómo reconstruyen su vida tras la pérdida de los seres queridos, si es que eso es posible. Y cómo pasan por todas las fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Es muy interesante ver cómo en esta tercera temporada cada capítulo se centra en un personaje, como para reforzar la idea de que es entorno a ellos lo que gira todo.

Que este relato se haga por medio de recursos fantásticos o disparatados es una licencia que en este caso está más que justificada. Es lo que hace que The Leftovers sea una serie diferente y única y de lo más interesante que hemos visto en los últimos años. Claro que quien afronte la serie como una de misterio sobrenatural al uso y espere respuestas en ese sentid acabará desconcertado y decepcionado. Las respuestas llegan -menos mal-, pero en otro sentido, porque desde el principio las preguntas eran otras.

En cuanto a los actores y actrices solo puedo decir que gloria eterna a Carrie Coon. Es una actriz con poca trayectoria de momento, pero donde ha estado lo ha bordado, como por ejemplo en Perdida (2014) de David Fincher o en la tercera temporada de Fargo como la agente Gloria Burgle. En The Leftovers es, de lejos, lo mejor de la serie, a mucha distancia de sus compañeros de reparto.

El resto ni fu ni fa. Justin Theroux nunca me ha parecido un buen actor, y aquí sigue igual de sobreactuado. Por otro lado en esta tercera temporada hay que destacar la ausencia de Liv Tyler, lo que es de agradecer, porque es una actriz muy mediocre.

¿Cuál es entonces mi conclusión una vez vistas las tres temporadas? Pues que The Leftovers es una de las series más originales, innovadoras y únicas que hemos visto en los últimos tiempos. Pero también que no es para todo el mundo.

The Leftovers está lo suficientemente bien hecha como para que sus virtudes superen con creces a sus defectos. Aún así le falta algo para poder clasificarla como excelente.

¿Entonces hay que verla o no? ¡Sí! Desde luego, corred a verla cuanto antes.

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